En realidad todo empezó hace un tiempo...cuando...en un viaje a Argentina, en el 2008, creí que podía deshacerme de cosas que pensaba que no necesitaba.... Cada viaje cada vuelta cada regreso, tenía que ver con, entre muchas otras cosas, revisar mi patrimonio personal, reclasificarlo ordenarlo seleccionarlo decidir, que era lo que se quedaba conmigo que era lo que me llevaba que era lo que guardaba que era lo que reubicaba... En un armario quedaban dos cajas llenas de mis diarios personales, mas o menos la época abarcaba desde que tenía trece catorce años hasta los veinte. Ahí estaba absolutamente apuntado todo. Todo lo que había hecho cada día de mi vida. Y pensé con seguridad que si pude vivir durante tanto tiempo sin eso entonces podía seguir... Y decidí que había llegado el momento en que desaparezca.
Y nuevamente pensé, lo tiro a la calle. Entonces digo, lo tiro a la calle pero antes de tirarlo voy a romperlo. Pasé todo el mes haciéndolos papelitos. Habré terminado el último día, no? El último día la última noche. Tenía una bolsa de basura negra llena, pesaba mucho. Antes de sacarlo a la calle vinieron a cenar algunos amigos, había opiniones encontradas sobre el asunto, pero siempre estuve muy segura. Se armó el juego, sacaba un papelito y contaba de qué trataba... me acordaba de todo... por el color de la tinta por el tipo de letra o por la palabra que estaba escrita, podía acordarme a qué se refería qué hecho qué suceso qué anécdota. Después saqué todo eso a la calle y después me arrepentí. Creo que si lo hubiera pensado como un proyecto hubiera sido unas de las mejores cosas que habría hecho en mi vida.
Cuando llegué a Barcelona encontré (a salvo casualmente) el último diario que escribí, con fecha enero 1997.